miércoles, 11 de julio de 2012

SOL DE QUITO

El primer sol de oro tiene proveniencia bastante bien conocida. En 1940, en un lugar llamado Chunucari, cerca de la ciudad de Sigsig, en los Andes meridionales de Ecuador, unos huaqueros descubrieron una pelota de oro estrujada. La vendieron, intocada, a un individuo local que compraba y vendía antigüedades, y este a su vez a Max Konanz, un coleccionista de Cuenca. En los meses siguientes, Konanz y su esposa abrieron laboriosamente la pelota que resultó ser la cara grande (ca. de 44 cm. de alto) de un sol de oro, martillado en el estilo provincial Huari-Pachacamac. Por algunos años, Konanz exhibió el sol en su museo privado, y luego vendió su colección al nuevo Museo del Banco Central del Ecuador. El sol de oro, posiblemente una de las piezas más espectaculares que se conocen de la antigua metalurgia ecuatoriana, se convirtió en el logotipo del Museo y del mismo Banco Central del Ecuador. Sin embargo, en algún momento de esta larga historia, la proveniencia fue cambiada en su ficha de registro de Chunucari a La Tolita, una cultura ubicada en la costa junto a la frontera con Colombia.

El sol de Quito mide 44 cm, tiene 46 rayos, éstos están distribuidos en manojos a cada lado de la cara y en un penacho encima. El sol Chunucari tiene en el pedúnculo del penacho un pequeño diseño de dos figuras de dragón en antítesis. Los rayos del sol terminan en cabezas de serpiente con cabezas de trofeos humanas en su boca, poseen una línea central repujada en zigzag del sol de Chunucari. Tienen la cara delineada en forma de una curiosa T y su boca tiene colmillos.
En otro dato, algunos estudios estilísticos y análisis físiconucleares, realizados por expertos internacionales y locales, permiten concluir que el Sol de oro que es la insignia del Banco Central del Ecuador proviene de la cultura La Tolita, que floreció en el Litoral norte del Ecuador y en la Costa del sur de Colombia, entre el 300 a.C. y 400 d.C.

Por último hay que agregar que no importa en donde apareció esta figura, lo importante es que es un símbolo que representa al país y en especial a lugar donde alguna vez se generó nuestro dinero. El Banco Central del Ecuador.











RUINAS DE COCHASQUI

Ruinas de Cochasquí

Ubicadas al norte de la ciudad de Quito, en Cochasquí se encuentran 15pirámides cuadrangulares o pirámides truncas (les falta el cono o punta superior, por lo que su techo queda chato), de las cuales 9 tienen rampa y 6 no. Las pirámides están rodeadas por 21 montículos funerarios y se cree que el recinto entero conforma un sitio ceremonial – ritual - astronómico; pues se encontraron cráneos en una de las pirámides. 
Fue un sitio astronómico de inmensa importancia, durante la etapa pre incásica.
Aquí podrá visitar los museos:   arqueológico de sitio,  etnográfico,  instrumentos musicales, armas y elementos de juego así como el jardín etno-botánico.
Desde allí se pueden divisar cerros  y   nevados como: Pambamarca, Pichincha, Puntas, Cotopaxi, Cayambe,  Ilinizas,  valles como: El  Quinche, Los Chillos, San Antonio de Pichincha  y  otros. Observar perfectamente la ciudad de Quito y el Panecillo.
Nombre del bien cultural:  Parque Arqueológico y de Investigación Científica Cochasquí.
UBICACIÓN:
Estado: República del Ecuador
Provincia: Pichincha
Cantón: Pedro Moncayo
Parroquia: Tocachi
Comunidad: Cochasquí
Clima: Frío
Ubicación exacta y coordenadas Geográfica: Latitud Norte de 0° 3' 35", una longitud geográfica de 3° 17' 47".
Superficie del bien cultural: 83.9 hectáreas
Temperatura: oscila entre los 3° C y los 22° C. Su pluviosidad es impredecible
Altura: 3.100 m.s.n.m.

miércoles, 4 de julio de 2012

MUSEO DEL ALABADO "SANTO DOMINGO"

En una de las edificaciones más antiguas del centro histórico de Quito (Cuenca, entre Bolívar y Rocafuerte) se construye un museo de arte precolombino llamado La Casa del Alabado.

Uno de los mayores retos es la reconstrucción de la edificación, que data del siglo XVI y "es una de las casas más bonitas de Quito colonial", según Iván Cruz, coleccionista de piezas arqueológicas.

Según Cruz, para dirigir la parte museográfica del proyecto se contrató a la empresa francesa Metapraxis que se encarga del diseño de las 22 salas del museo. Asimismo un equipo, dirigido por la arqueóloga Ximena Lobo Guerrero, se encarga de organizar la colección.

Entre los expertos están siete especialistas en montaje y restauración de piezas arqueológicas, además de un diseñador gráfico y un coleccionista.

Este es un proyecto privado financiado por Mario Rivadeneira y Daniel Klein quienes ponen su colección a disposición del museo.

Estas colecciones sumadas a las de Cruz suman alrededor de 500 piezas pertenecientes a culturas precolombinas del Ecuador.

Según Cruz, la selección completa fue inventariada por el Ministerio Coordinador de Patrimonio Cultural.

Uno de los objetivos de La Casa del Alabado es convertirse en un museo "interactivo que sea pedagógico y lúdico". Por ello, tendrá salas en las que las piezas no estén colocadas solo por antigüedad y períodos ya que "las cantidades de tiempo son muy grandes y difíciles de asimilar para los visitantes".

Asimismo, en este museo se intenta hacer un acercamiento a la estructura del tiempo de las culturas andinas.

La Casa del Alabado estará dividida en tres etapas: inframundo, supramundo y axismundo.

En el inframundo se presentarán obras relacionadas a la fertilidad. En el supramundo y axismundo habrá grandes obras de arte, señala Cruz.

Otra de las novedades que propone el museo es las salas temáticas como una dedicada al shamanismo en la que se podrá ver a estos personajes ubicados en diferentes épocas de la historia.

El museo contará con temperatura e iluminación especial que contempla baños de luz natural y artificial para preservar las piezas. Estas condiciones responden a cánones internacionales que necesitarán para traer exposiciones extranjeras..

Según Cruz, la entrega de La Casa del Alabado se ha demorado más de lo planificado debido a trámites legales y la dificultad en las importaciones de algunos de los materiales para el museo.

Con respecto al inversión de la obra prefirió no hablar de números. Sin embargo, augura que la inauguración del museo estará lista para el primer trimestre de 2010

Intrepretacion:
Los cuatro puntos cardinales y los cuatro elementos, representados mediante el jaguar, el caimán y el águila.
Pobladores antiguos que guardaban gran respeto y armonía con su entorno. Con grandes avances en el campo médico, arqueológico y tecnológico en aquella época, están representados así en la figura de Shaman, miembro de la comunidad al que lo atribuían sabiduría, armonía con los Dioses y conocimiento de un sinnúmero de elementos naturales
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imagen
Como un peregrino privilegiado, el chamán era la única persona de la comunidad que podía transitar a través de los tres mundos que regían la ancestral cosmovisión de los pueblos precolombinos. Luego de una profunda investigación, esos tres universos fueron recreados en los dos pisos y ocho salas temáticas del Museo del Alabado. No se trata de un recorrido cronológico, sino más bien de un descubrimiento cultural. En la planta baja, un corredor de piedra conduce a unas oscuras y frías habitaciones donde se exhibe una colección de piezas arqueológicas relacionadas al inframundo. El recorrido no es lineal y se asemeja a los laberintos que se observan tallados sobre la piedra. En el mundo de los muertos también se erigen figuras con formas humanas. Fernando Arteaga, mediador del museo, explica que son los íconos de los ancestros. “Mantienen una posición vertical porque los tres mundos están unidos a través de un cordón de energía universal o axis”. Estáticas y frías, se posan sobre los estantes como una fiel representación de la muerte eterna. Sorprende la similitud de los rasgos en los tallados que se observan en piezas de la cultura Valdivia, Quito-Chaupicruz, Napo y otras comunidades lejanas en la distancia y algunas incluso en el tiempo. Vasijas y piezas funerarias permiten recrear la forma en la cual se enterraban a los muertos. Mientras en un lugar se celebraba con una fiesta el viaje “al otro mundo”, en otro se depositaban los huesos en úteros de barro para que la persona fallecida pueda renacer. Un mural de bejucos, frente a un graderío se enlaza con el mundo medio, el de los seres vivos y de los productos de la tierra. La fertilidad, la fiesta, el trabajo, la guerra y la vida cotidiana en general se transforman en herramientas, vasijas, armas, objetos decorativos para el cuerpo, figuras rituales… El museo está pensado para todos. Los más curiosos pueden navegar a través de pantallas táctiles para conocer los detalles de cada pieza, procesos y técnicas de elaboración y otros detalles. Los más pequeños también pueden poner en práctica las mismas técnicas en talleres especiales. Para eso se trabajó durante cinco años en la restauración de una antigua casa de vivienda del siglo XVII. Luis López, uno de los arquitectos que colaboró en la restauración, explica que los ambientes originales se recuperaron respetando los materiales propios de la casa y combinando armónicamente con otros, como el vidrio, especialmente. El adobe, la piedra y la madera resaltan en patios , corredores y habitaciones. López destaca el trabajo sobre el moderno sistema de iluminación que ambienta perfectamente cada sala temática. De los siete patios originales se mantuvieron tres. En la piedra, la cerámica, la concha, el metal y el hueso, los antepasados descubrieron un valor simbólico más que comercial. Ese es el caso de la concha Spondylus, considerada un regalo de los dioses y símbolo de la fertilidad. Arteaga precisó que el riesgoso y difícil proceso de obtención, entre 15 y 50 metros bajo el mar, aumentó su valor simbólico. Otro caso son las lágrimas del sol, como se conocía al oro. Su brillo en orejeras, narigueras y otros accesorios corporales servía como protección para evitar que la mala energías enfermara al cuerpo. Para aliviar los males del cuerpo y del espíritu, el chamán podía adoptar la forma de animales míticos como el jaguar, la serpiente o las aves para contactarse con los ancestros que habitaban en el inframundo y en el supramundo. Lo hacía a través de un ritual que se iniciaba con música. Sus visiones y transformaciones quedaron plasmadas en vistosas y creativas esculturas. En una bien iluminada y vasta habitación, con un atractivo jardín vertical como telón, se aprecia el arte y la sabiduría de los mundos superiores, a los cuales el chamán ascendía convertido en ave. Sobre el museo El Museo de Arte Precolombino Casa del Alabado se encuentra en tercer lugar en el ‘ranking’ de atracciones turísticas de la ciudad de Quito, de acuerdo con el sitio de turismo Tripadvisor. Un sábado al mes se realizan talleres interactivos, en los cuales los niños de entre 5 y 12 años pueden poner en práctica los conocimientos adquiridos durante el recorrido. El costo es de USD 0,50. Hay un pequeño auditorio en el que se realizan tertulias y conferencias sobre temas especializados. La entrada es gratis. En la planta baja hay una tienda donde los visitantes pueden comprar recuerdos y artesanías. Hacia el patio central hay una cafetería

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/quito/mundos-Casa-Alabado_0_702529914.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com
Como un peregrino privilegiado, el chamán era la única persona de la comunidad que podía transitar a través de los tres mundos que regían la ancestral cosmovisión de los pueblos precolombinos. Luego de una profunda investigación, esos tres universos fueron recreados en los dos pisos y ocho salas temáticas del Museo del Alabado. No se trata de un recorrido cronológico, sino más bien de un descubrimiento cultural. En la planta baja, un corredor de piedra conduce a unas oscuras y frías habitaciones donde se exhibe una colección de piezas arqueológicas relacionadas al inframundo. El recorrido no es lineal y se asemeja a los laberintos que se observan tallados sobre la piedra. En el mundo de los muertos también se erigen figuras con formas humanas. Fernando Arteaga, mediador del museo, explica que son los íconos de los ancestros. “Mantienen una posición vertical porque los tres mundos están unidos a través de un cordón de energía universal o axis”. Estáticas y frías, se posan sobre los estantes como una fiel representación de la muerte eterna. Sorprende la similitud de los rasgos en los tallados que se observan en piezas de la cultura Valdivia, Quito-Chaupicruz, Napo y otras comunidades lejanas en la distancia y algunas incluso en el tiempo. Vasijas y piezas funerarias permiten recrear la forma en la cual se enterraban a los muertos. Mientras en un lugar se celebraba con una fiesta el viaje “al otro mundo”, en otro se depositaban los huesos en úteros de barro para que la persona fallecida pueda renacer. Un mural de bejucos, frente a un graderío se enlaza con el mundo medio, el de los seres vivos y de los productos de la tierra. La fertilidad, la fiesta, el trabajo, la guerra y la vida cotidiana en general se transforman en herramientas, vasijas, armas, objetos decorativos para el cuerpo, figuras rituales… El museo está pensado para todos. Los más curiosos pueden navegar a través de pantallas táctiles para conocer los detalles de cada pieza, procesos y técnicas de elaboración y otros detalles. Los más pequeños también pueden poner en práctica las mismas técnicas en talleres especiales. Para eso se trabajó durante cinco años en la restauración de una antigua casa de vivienda del siglo XVII. Luis López, uno de los arquitectos que colaboró en la restauración, explica que los ambientes originales se recuperaron respetando los materiales propios de la casa y combinando armónicamente con otros, como el vidrio, especialmente. El adobe, la piedra y la madera resaltan en patios , corredores y habitaciones. López destaca el trabajo sobre el moderno sistema de iluminación que ambienta perfectamente cada sala temática. De los siete patios originales se mantuvieron tres. En la piedra, la cerámica, la concha, el metal y el hueso, los antepasados descubrieron un valor simbólico más que comercial. Ese es el caso de la concha Spondylus, considerada un regalo de los dioses y símbolo de la fertilidad. Arteaga precisó que el riesgoso y difícil proceso de obtención, entre 15 y 50 metros bajo el mar, aumentó su valor simbólico. Otro caso son las lágrimas del sol, como se conocía al oro. Su brillo en orejeras, narigueras y otros accesorios corporales servía como protección para evitar que la mala energías enfermara al cuerpo. Para aliviar los males del cuerpo y del espíritu, el chamán podía adoptar la forma de animales míticos como el jaguar, la serpiente o las aves para contactarse con los ancestros que habitaban en el inframundo y en el supramundo. Lo hacía a través de un ritual que se iniciaba con música. Sus visiones y transformaciones quedaron plasmadas en vistosas y creativas esculturas. En una bien iluminada y vasta habitación, con un atractivo jardín vertical como telón, se aprecia el arte y la sabiduría de los mundos superiores, a los cuales el chamán ascendía convertido en ave. Sobre el museo El Museo de Arte Precolombino Casa del Alabado se encuentra en tercer lugar en el ‘ranking’ de atracciones turísticas de la ciudad de Quito, de acuerdo con el sitio de turismo Tripadvisor. Un sábado al mes se realizan talleres interactivos, en los cuales los niños de entre 5 y 12 años pueden poner en práctica los conocimientos adquiridos durante el recorrido. El costo es de USD 0,50. Hay un pequeño auditorio en el que se realizan tertulias y conferencias sobre temas especializados. La entrada es gratis. En la planta baja hay una tienda donde los visitantes pueden comprar recuerdos y artesanías. Hacia el patio central hay una cafetería

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/quito/mundos-Casa-Alabado_0_702529914.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.
Como un peregrino privilegiado, el chamán era la única persona de la comunidad que podía transitar a través de los tres mundos que regían la ancestral cosmovisión de los pueblos precolombinos. Luego de una profunda investigación, esos tres universos fueron recreados en los dos pisos y ocho salas temáticas del Museo del Alabado. No se trata de un recorrido cronológico, sino más bien de un descubrimiento cultural. En la planta baja, un corredor de piedra conduce a unas oscuras y frías habitaciones donde se exhibe una colección de piezas arqueológicas relacionadas al inframundo. El recorrido no es lineal y se asemeja a los laberintos que se observan tallados sobre la piedra. En el mundo de los muertos también se erigen figuras con formas humanas. Fernando Arteaga, mediador del museo, explica que son los íconos de los ancestros. “Mantienen una posición vertical porque los tres mundos están unidos a través de un cordón de energía universal o axis”. Estáticas y frías, se posan sobre los estantes como una fiel representación de la muerte eterna. Sorprende la similitud de los rasgos en los tallados que se observan en piezas de la cultura Valdivia, Quito-Chaupicruz, Napo y otras comunidades lejanas en la distancia y algunas incluso en el tiempo. Vasijas y piezas funerarias permiten recrear la forma en la cual se enterraban a los muertos. Mientras en un lugar se celebraba con una fiesta el viaje “al otro mundo”, en otro se depositaban los huesos en úteros de barro para que la persona fallecida pueda renacer. Un mural de bejucos, frente a un graderío se enlaza con el mundo medio, el de los seres vivos y de los productos de la tierra. La fertilidad, la fiesta, el trabajo, la guerra y la vida cotidiana en general se transforman en herramientas, vasijas, armas, objetos decorativos para el cuerpo, figuras rituales… El museo está pensado para todos. Los más curiosos pueden navegar a través de pantallas táctiles para conocer los detalles de cada pieza, procesos y técnicas de elaboración y otros detalles. Los más pequeños también pueden poner en práctica las mismas técnicas en talleres especiales. Para eso se trabajó durante cinco años en la restauración de una antigua casa de vivienda del siglo XVII. Luis López, uno de los arquitectos que colaboró en la restauración, explica que los ambientes originales se recuperaron respetando los materiales propios de la casa y combinando armónicamente con otros, como el vidrio, especialmente. El adobe, la piedra y la madera resaltan en patios , corredores y habitaciones. López destaca el trabajo sobre el moderno sistema de iluminación que ambienta perfectamente cada sala temática. De los siete patios originales se mantuvieron tres. En la piedra, la cerámica, la concha, el metal y el hueso, los antepasados descubrieron un valor simbólico más que comercial. Ese es el caso de la concha Spondylus, considerada un regalo de los dioses y símbolo de la fertilidad. Arteaga precisó que el riesgoso y difícil proceso de obtención, entre 15 y 50 metros bajo el mar, aumentó su valor simbólico. Otro caso son las lágrimas del sol, como se conocía al oro. Su brillo en orejeras, narigueras y otros accesorios corporales servía como protección para evitar que la mala energías enfermara al cuerpo. Para aliviar los males del cuerpo y del espíritu, el chamán podía adoptar la forma de animales míticos como el jaguar, la serpiente o las aves para contactarse con los ancestros que habitaban en el inframundo y en el supramundo. Lo hacía a través de un ritual que se iniciaba con música. Sus visiones y transformaciones quedaron plasmadas en vistosas y creativas esculturas. En una bien iluminada y vasta habitación, con un atractivo jardín vertical como telón, se aprecia el arte y la sabiduría de los mundos superiores, a los cuales el chamán ascendía convertido en ave. Sobre el museo El Museo de Arte Precolombino Casa del Alabado se encuentra en tercer lugar en el ‘ranking’ de atracciones turísticas de la ciudad de Quito, de acuerdo con el sitio de turismo Tripadvisor. Un sábado al mes se realizan talleres interactivos, en los cuales los niños de entre 5 y 12 años pueden poner en práctica los conocimientos adquiridos durante el recorrido. El costo es de USD 0,50. Hay un pequeño auditorio en el que se realizan tertulias y conferencias sobre temas especializados. La entrada es gratis. En la planta baja hay una tienda donde los visitantes pueden comprar recuerdos y artesanías. Hacia el patio central hay una cafetería

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/quito/mundos-Casa-Alabado_0_702529914.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com
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Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/quito/mundos-Casa-Alabado_0_702529914.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com
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Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/quito/mundos-Casa-Alabado_0_702529914.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com
Como un peregrino privilegiado, el chamán era la única persona de la comunidad que podía transitar a través de los tres mundos que regían la ancestral cosmovisión de los pueblos precolombinos. Luego de una profunda investigación, esos tres universos fueron recreados en los dos pisos y ocho salas temáticas del Museo del Alabado. No se trata de un recorrido cronológico, sino más bien de un descubrimiento cultural. En la planta baja, un corredor de piedra conduce a unas oscuras y frías habitaciones donde se exhibe una colección de piezas arqueológicas relacionadas al inframundo. El recorrido no es lineal y se asemeja a los laberintos que se observan tallados sobre la piedra. En el mundo de los muertos también se erigen figuras con formas humanas. Fernando Arteaga, mediador del museo, explica que son los íconos de los ancestros. “Mantienen una posición vertical porque los tres mundos están unidos a través de un cordón de energía universal o axis”. Estáticas y frías, se posan sobre los estantes como una fiel representación de la muerte eterna. Sorprende la similitud de los rasgos en los tallados que se observan en piezas de la cultura Valdivia, Quito-Chaupicruz, Napo y otras comunidades lejanas en la distancia y algunas incluso en el tiempo. Vasijas y piezas funerarias permiten recrear la forma en la cual se enterraban a los muertos. Mientras en un lugar se celebraba con una fiesta el viaje “al otro mundo”, en otro se depositaban los huesos en úteros de barro para que la persona fallecida pueda renacer. Un mural de bejucos, frente a un graderío se enlaza con el mundo medio, el de los seres vivos y de los productos de la tierra. La fertilidad, la fiesta, el trabajo, la guerra y la vida cotidiana en general se transforman en herramientas, vasijas, armas, objetos decorativos para el cuerpo, figuras rituales… El museo está pensado para todos. Los más curiosos pueden navegar a través de pantallas táctiles para conocer los detalles de cada pieza, procesos y técnicas de elaboración y otros detalles. Los más pequeños también pueden poner en práctica las mismas técnicas en talleres especiales. Para eso se trabajó durante cinco años en la restauración de una antigua casa de vivienda del siglo XVII. Luis López, uno de los arquitectos que colaboró en la restauración, explica que los ambientes originales se recuperaron respetando los materiales propios de la casa y combinando armónicamente con otros, como el vidrio, especialmente. El adobe, la piedra y la madera resaltan en patios , corredores y habitaciones. López destaca el trabajo sobre el moderno sistema de iluminación que ambienta perfectamente cada sala temática. De los siete patios originales se mantuvieron tres. En la piedra, la cerámica, la concha, el metal y el hueso, los antepasados descubrieron un valor simbólico más que comercial. Ese es el caso de la concha Spondylus, considerada un regalo de los dioses y símbolo de la fertilidad. Arteaga precisó que el riesgoso y difícil proceso de obtención, entre 15 y 50 metros bajo el mar, aumentó su valor simbólico. Otro caso son las lágrimas del sol, como se conocía al oro. Su brillo en orejeras, narigueras y otros accesorios corporales servía como protección para evitar que la mala energías enfermara al cuerpo. Para aliviar los males del cuerpo y del espíritu, el chamán podía adoptar la forma de animales míticos como el jaguar, la serpiente o las aves para contactarse con los ancestros que habitaban en el inframundo y en el supramundo. Lo hacía a través de un ritual que se iniciaba con música. Sus visiones y transformaciones quedaron plasmadas en vistosas y creativas esculturas. En una bien iluminada y vasta habitación, con un atractivo jardín vertical como telón, se aprecia el arte y la sabiduría de los mundos superiores, a los cuales el chamán ascendía convertido en ave. Sobre el museo El Museo de Arte Precolombino Casa del Alabado se encuentra en tercer lugar en el ‘ranking’ de atracciones turísticas de la ciudad de Quito, de acuerdo con el sitio de turismo Tripadvisor. Un sábado al mes se realizan talleres interactivos, en los cuales los niños de entre 5 y 12 años pueden poner en práctica los conocimientos adquiridos durante el recorrido. El costo es de USD 0,50. Hay un pequeño auditorio en el que se realizan tertulias y conferencias sobre temas especializados. La entrada es gratis. En la planta baja hay una tienda donde los visitantes pueden comprar recuerdos y artesanías. Hacia el patio central hay una cafetería

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/quito/mundos-Casa-Alabado_0_702529914.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com
Como un peregrino privilegiado, el chamán era la única persona de la comunidad que podía transitar a través de los tres mundos que regían la ancestral cosmovisión de los pueblos precolombinos. Luego de una profunda investigación, esos tres universos fueron recreados en los dos pisos y ocho salas temáticas del Museo del Alabado. No se trata de un recorrido cronológico, sino más bien de un descubrimiento cultural. En la planta baja, un corredor de piedra conduce a unas oscuras y frías habitaciones donde se exhibe una colección de piezas arqueológicas relacionadas al inframundo. El recorrido no es lineal y se asemeja a los laberintos que se observan tallados sobre la piedra. En el mundo de los muertos también se erigen figuras con formas humanas. Fernando Arteaga, mediador del museo, explica que son los íconos de los ancestros. “Mantienen una posición vertical porque los tres mundos están unidos a través de un cordón de energía universal o axis”. Estáticas y frías, se posan sobre los estantes como una fiel representación de la muerte eterna. Sorprende la similitud de los rasgos en los tallados que se observan en piezas de la cultura Valdivia, Quito-Chaupicruz, Napo y otras comunidades lejanas en la distancia y algunas incluso en el tiempo. Vasijas y piezas funerarias permiten recrear la forma en la cual se enterraban a los muertos. Mientras en un lugar se celebraba con una fiesta el viaje “al otro mundo”, en otro se depositaban los huesos en úteros de barro para que la persona fallecida pueda renacer. Un mural de bejucos, frente a un graderío se enlaza con el mundo medio, el de los seres vivos y de los productos de la tierra. La fertilidad, la fiesta, el trabajo, la guerra y la vida cotidiana en general se transforman en herramientas, vasijas, armas, objetos decorativos para el cuerpo, figuras rituales… El museo está pensado para todos. Los más curiosos pueden navegar a través de pantallas táctiles para conocer los detalles de cada pieza, procesos y técnicas de elaboración y otros detalles. Los más pequeños también pueden poner en práctica las mismas técnicas en talleres especiales. Para eso se trabajó durante cinco años en la restauración de una antigua casa de vivienda del siglo XVII. Luis López, uno de los arquitectos que colaboró en la restauración, explica que los ambientes originales se recuperaron respetando los materiales propios de la casa y combinando armónicamente con otros, como el vidrio, especialmente. El adobe, la piedra y la madera resaltan en patios , corredores y habitaciones. López destaca el trabajo sobre el moderno sistema de iluminación que ambienta perfectamente cada sala temática. De los siete patios originales se mantuvieron tres. En la piedra, la cerámica, la concha, el metal y el hueso, los antepasados descubrieron un valor simbólico más que comercial. Ese es el caso de la concha Spondylus, considerada un regalo de los dioses y símbolo de la fertilidad. Arteaga precisó que el riesgoso y difícil proceso de obtención, entre 15 y 50 metros bajo el mar, aumentó su valor simbólico. Otro caso son las lágrimas del sol, como se conocía al oro. Su brillo en orejeras, narigueras y otros accesorios corporales servía como protección para evitar que la mala energías enfermara al cuerpo. Para aliviar los males del cuerpo y del espíritu, el chamán podía adoptar la forma de animales míticos como el jaguar, la serpiente o las aves para contactarse con los ancestros que habitaban en el inframundo y en el supramundo. Lo hacía a través de un ritual que se iniciaba con música. Sus visiones y transformaciones quedaron plasmadas en vistosas y creativas esculturas. En una bien iluminada y vasta habitación, con un atractivo jardín vertical como telón, se aprecia el arte y la sabiduría de los mundos superiores, a los cuales el chamán ascendía convertido en ave. Sobre el museo El Museo de Arte Precolombino Casa del Alabado se encuentra en tercer lugar en el ‘ranking’ de atracciones turísticas de la ciudad de Quito, de acuerdo con el sitio de turismo Tripadvisor. Un sábado al mes se realizan talleres interactivos, en los cuales los niños de entre 5 y 12 años pueden poner en práctica los conocimientos adquiridos durante el recorrido. El costo es de USD 0,50. Hay un pequeño auditorio en el que se realizan tertulias y conferencias sobre temas especializados. La entrada es gratis. En la planta baja hay una tienda donde los visitantes pueden comprar recuerdos y artesanías. Hacia el patio central hay una cafetería

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/quito/mundos-Casa-Alabado_0_702529914.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com
Como un peregrino privilegiado, el chamán era la única persona de la comunidad que podía transitar a través de los tres mundos que regían la ancestral cosmovisión de los pueblos precolombinos. Luego de una profunda investigación, esos tres universos fueron recreados en los dos pisos y ocho salas temáticas del Museo del Alabado. No se trata de un recorrido cronológico, sino más bien de un descubrimiento cultural. En la planta baja, un corredor de piedra conduce a unas oscuras y frías habitaciones donde se exhibe una colección de piezas arqueológicas relacionadas al inframundo. El recorrido no es lineal y se asemeja a los laberintos que se observan tallados sobre la piedra. En el mundo de los muertos también se erigen figuras con formas humanas. Fernando Arteaga, mediador del museo, explica que son los íconos de los ancestros. “Mantienen una posición vertical porque los tres mundos están unidos a través de un cordón de energía universal o axis”. Estáticas y frías, se posan sobre los estantes como una fiel representación de la muerte eterna. Sorprende la similitud de los rasgos en los tallados que se observan en piezas de la cultura Valdivia, Quito-Chaupicruz, Napo y otras comunidades lejanas en la distancia y algunas incluso en el tiempo. Vasijas y piezas funerarias permiten recrear la forma en la cual se enterraban a los muertos. Mientras en un lugar se celebraba con una fiesta el viaje “al otro mundo”, en otro se depositaban los huesos en úteros de barro para que la persona fallecida pueda renacer. Un mural de bejucos, frente a un graderío se enlaza con el mundo medio, el de los seres vivos y de los productos de la tierra. La fertilidad, la fiesta, el trabajo, la guerra y la vida cotidiana en general se transforman en herramientas, vasijas, armas, objetos decorativos para el cuerpo, figuras rituales… El museo está pensado para todos. Los más curiosos pueden navegar a través de pantallas táctiles para conocer los detalles de cada pieza, procesos y técnicas de elaboración y otros detalles. Los más pequeños también pueden poner en práctica las mismas técnicas en talleres especiales. Para eso se trabajó durante cinco años en la restauración de una antigua casa de vivienda del siglo XVII. Luis López, uno de los arquitectos que colaboró en la restauración, explica que los ambientes originales se recuperaron respetando los materiales propios de la casa y combinando armónicamente con otros, como el vidrio, especialmente. El adobe, la piedra y la madera resaltan en patios , corredores y habitaciones. López destaca el trabajo sobre el moderno sistema de iluminación que ambienta perfectamente cada sala temática. De los siete patios originales se mantuvieron tres. En la piedra, la cerámica, la concha, el metal y el hueso, los antepasados descubrieron un valor simbólico más que comercial. Ese es el caso de la concha Spondylus, considerada un regalo de los dioses y símbolo de la fertilidad. Arteaga precisó que el riesgoso y difícil proceso de obtención, entre 15 y 50 metros bajo el mar, aumentó su valor simbólico. Otro caso son las lágrimas del sol, como se conocía al oro. Su brillo en orejeras, narigueras y otros accesorios corporales servía como protección para evitar que la mala energías enfermara al cuerpo. Para aliviar los males del cuerpo y del espíritu, el chamán podía adoptar la forma de animales míticos como el jaguar, la serpiente o las aves para contactarse con los ancestros que habitaban en el inframundo y en el supramundo. Lo hacía a través de un ritual que se iniciaba con música. Sus visiones y transformaciones quedaron plasmadas en vistosas y creativas esculturas. En una bien iluminada y vasta habitación, con un atractivo jardín vertical como telón, se aprecia el arte y la sabiduría de los mundos superiores, a los cuales el chamán ascendía convertido en ave. Sobre el museo El Museo de Arte Precolombino Casa del Alabado se encuentra en tercer lugar en el ‘ranking’ de atracciones turísticas de la ciudad de Quito, de acuerdo con el sitio de turismo Tripadvisor. Un sábado al mes se realizan talleres interactivos, en los cuales los niños de entre 5 y 12 años pueden poner en práctica los conocimientos adquiridos durante el recorrido. El costo es de USD 0,50. Hay un pequeño auditorio en el que se realizan tertulias y conferencias sobre temas especializados. La entrada es gratis. En la planta baja hay una tienda donde los visitantes pueden comprar recuerdos y artesanías. Hacia el patio central hay una cafetería

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/quito/mundos-Casa-Alabado_0_702529914.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com
Como un peregrino privilegiado, el chamán era la única persona de la comunidad que podía transitar a través de los tres mundos que regían la ancestral cosmovisión de los pueblos precolombinos. Luego de una profunda investigación, esos tres universos fueron recreados en los dos pisos y ocho salas temáticas del Museo del Alabado. No se trata de un recorrido cronológico, sino más bien de un descubrimiento cultural. En la planta baja, un corredor de piedra conduce a unas oscuras y frías habitaciones donde se exhibe una colección de piezas arqueológicas relacionadas al inframundo. El recorrido no es lineal y se asemeja a los laberintos que se observan tallados sobre la piedra. En el mundo de los muertos también se erigen figuras con formas humanas. Fernando Arteaga, mediador del museo, explica que son los íconos de los ancestros. “Mantienen una posición vertical porque los tres mundos están unidos a través de un cordón de energía universal o axis”. Estáticas y frías, se posan sobre los estantes como una fiel representación de la muerte eterna. Sorprende la similitud de los rasgos en los tallados que se observan en piezas de la cultura Valdivia, Quito-Chaupicruz, Napo y otras comunidades lejanas en la distancia y algunas incluso en el tiempo. Vasijas y piezas funerarias permiten recrear la forma en la cual se enterraban a los muertos. Mientras en un lugar se celebraba con una fiesta el viaje “al otro mundo”, en otro se depositaban los huesos en úteros de barro para que la persona fallecida pueda renacer. Un mural de bejucos, frente a un graderío se enlaza con el mundo medio, el de los seres vivos y de los productos de la tierra. La fertilidad, la fiesta, el trabajo, la guerra y la vida cotidiana en general se transforman en herramientas, vasijas, armas, objetos decorativos para el cuerpo, figuras rituales… El museo está pensado para todos. Los más curiosos pueden navegar a través de pantallas táctiles para conocer los detalles de cada pieza, procesos y técnicas de elaboración y otros detalles. Los más pequeños también pueden poner en práctica las mismas técnicas en talleres especiales. Para eso se trabajó durante cinco años en la restauración de una antigua casa de vivienda del siglo XVII. Luis López, uno de los arquitectos que colaboró en la restauración, explica que los ambientes originales se recuperaron respetando los materiales propios de la casa y combinando armónicamente con otros, como el vidrio, especialmente. El adobe, la piedra y la madera resaltan en patios , corredores y habitaciones. López destaca el trabajo sobre el moderno sistema de iluminación que ambienta perfectamente cada sala temática. De los siete patios originales se mantuvieron tres. En la piedra, la cerámica, la concha, el metal y el hueso, los antepasados descubrieron un valor simbólico más que comercial. Ese es el caso de la concha Spondylus, considerada un regalo de los dioses y símbolo de la fertilidad. Arteaga precisó que el riesgoso y difícil proceso de obtención, entre 15 y 50 metros bajo el mar, aumentó su valor simbólico. Otro caso son las lágrimas del sol, como se conocía al oro. Su brillo en orejeras, narigueras y otros accesorios corporales servía como protección para evitar que la mala energías enfermara al cuerpo. Para aliviar los males del cuerpo y del espíritu, el chamán podía adoptar la forma de animales míticos como el jaguar, la serpiente o las aves para contactarse con los ancestros que habitaban en el inframundo y en el supramundo. Lo hacía a través de un ritual que se iniciaba con música. Sus visiones y transformaciones quedaron plasmadas en vistosas y creativas esculturas. En una bien iluminada y vasta habitación, con un atractivo jardín vertical como telón, se aprecia el arte y la sabiduría de los mundos superiores, a los cuales el chamán ascendía convertido en ave. Sobre el museo El Museo de Arte Precolombino Casa del Alabado se encuentra en tercer lugar en el ‘ranking’ de atracciones turísticas de la ciudad de Quito, de acuerdo con el sitio de turismo Tripadvisor. Un sábado al mes se realizan talleres interactivos, en los cuales los niños de entre 5 y 12 años pueden poner en práctica los conocimientos adquiridos durante el recorrido. El costo es de USD 0,50. Hay un pequeño auditorio en el que se realizan tertulias y conferencias sobre temas especializados. La entrada es gratis. En la planta baja hay una tienda donde los visitantes pueden comprar recuerdos y artesanías. Hacia el patio central hay una cafetería.

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Como un peregrino privilegiado, el chamán era la única persona de la comunidad que podía transitar a través de los tres mundos que regían la ancestral cosmovisión de los pueblos precolombinos. Luego de una profunda investigación, esos tres universos fueron recreados en los dos pisos y ocho salas temáticas del Museo del Alabado. No se trata de un recorrido cronológico, sino más bien de un descubrimiento cultural. En la planta baja, un corredor de piedra conduce a unas oscuras y frías habitaciones donde se exhibe una colección de piezas arqueológicas relacionadas al inframundo. El recorrido no es lineal y se asemeja a los laberintos que se observan tallados sobre la piedra. En el mundo de los muertos también se erigen figuras con formas humanas. Fernando Arteaga, mediador del museo, explica que son los íconos de los ancestros. “Mantienen una posición vertical porque los tres mundos están unidos a través de un cordón de energía universal o axis”. Estáticas y frías, se posan sobre los estantes como una fiel representación de la muerte eterna. Sorprende la similitud de los rasgos en los tallados que se observan en piezas de la cultura Valdivia, Quito-Chaupicruz, Napo y otras comunidades lejanas en la distancia y algunas incluso en el tiempo. Vasijas y piezas funerarias permiten recrear la forma en la cual se enterraban a los muertos. Mientras en un lugar se celebraba con una fiesta el viaje “al otro mundo”, en otro se depositaban los huesos en úteros de barro para que la persona fallecida pueda renacer. Un mural de bejucos, frente a un graderío se enlaza con el mundo medio, el de los seres vivos y de los productos de la tierra. La fertilidad, la fiesta, el trabajo, la guerra y la vida cotidiana en general se transforman en herramientas, vasijas, armas, objetos decorativos para el cuerpo, figuras rituales… El museo está pensado para todos. Los más curiosos pueden navegar a través de pantallas táctiles para conocer los detalles de cada pieza, procesos y técnicas de elaboración y otros detalles. Los más pequeños también pueden poner en práctica las mismas técnicas en talleres especiales. Para eso se trabajó durante cinco años en la restauración de una antigua casa de vivienda del siglo XVII. Luis López, uno de los arquitectos que colaboró en la restauración, explica que los ambientes originales se recuperaron respetando los materiales propios de la casa y combinando armónicamente con otros, como el vidrio, especialmente. El adobe, la piedra y la madera resaltan en patios , corredores y habitaciones. López destaca el trabajo sobre el moderno sistema de iluminación que ambienta perfectamente cada sala temática. De los siete patios originales se mantuvieron tres. En la piedra, la cerámica, la concha, el metal y el hueso, los antepasados descubrieron un valor simbólico más que comercial. Ese es el caso de la concha Spondylus, considerada un regalo de los dioses y símbolo de la fertilidad. Arteaga precisó que el riesgoso y difícil proceso de obtención, entre 15 y 50 metros bajo el mar, aumentó su valor simbólico. Otro caso son las lágrimas del sol, como se conocía al oro. Su brillo en orejeras, narigueras y otros accesorios corporales servía como protección para evitar que la mala energías enfermara al cuerpo. Para aliviar los males del cuerpo y del espíritu, el chamán podía adoptar la forma de animales míticos como el jaguar, la serpiente o las aves para contactarse con los ancestros que habitaban en el inframundo y en el supramundo. Lo hacía a través de un ritual que se iniciaba con música. Sus visiones y transformaciones quedaron plasmadas en vistosas y creativas esculturas. En una bien iluminada y vasta habitación, con un atractivo jardín vertical como telón, se aprecia el arte y la sabiduría de los mundos superiores, a los cuales el chamán ascendía convertido en ave. Sobre el museo El Museo de Arte Precolombino Casa del Alabado se encuentra en tercer lugar en el ‘ranking’ de atracciones turísticas de la ciudad de Quito, de acuerdo con el sitio de turismo Tripadvisor. Un sábado al mes se realizan talleres interactivos, en los cuales los niños de entre 5 y 12 años pueden poner en práctica los conocimientos adquiridos durante el recorrido. El costo es de USD 0,50. Hay un pequeño auditorio en el que se realizan tertulias y conferencias sobre temas especializados. La entrada es gratis. En la planta baja hay una tienda donde los visitantes pueden comprar recuerdos y artesanías. Hacia el patio central hay una cafetería.

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/quito/mundos-Casa-Alabado_0_702529914.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com

PRIMERA CERAMICA (periodo formativo 4000ac- 500ac)

PERÍODO FORMATIVO.  3500 A.C. 300 A.C.

"Como consecuencia de una larga experimentación  en el manejo de las plantas la gente de esta época desarrolló la producción de varios cultígenos, especialmente el maíz.  también desarrolló la pesca y la cría de animales, que junto a la caza y a la recolección , permitieron la subsistencia de amplias poblaciones agrupadas en asentamientos aldeanos.

A este nuevo modo de vida se sumaron la alfarería y el trabajo artesanal en concha, piedra, hueso y la actividad textil, en sus inicios la producción cerámica se caracterizó por formas sencillas y poco elaboradas que alcanzaron luego gran complejidad técnica y estética, tanto en la manufactura y los recipientes como en las representaciones humanas siendo estás las más tempranas tradiciones figurativas de América.  Al final de este período se tecnifica la agricultura, dando lugar a una mayor estabilidad y dependencia de esta actividad, suscitándose una especialización de la población en diversas actividades productivas.

En la Región de la  Amazonía ubicación de las culturas de este período: Fase  Chiguaza

Valdivia, primera sociedad alfarera.

La Cultura Valdivia es el asentamiento más caracterizado del período formativo,su cerámica tiene un gran nivel de elaboración

Valdivia. 4000 a 2000 AC., considerando su periodo de existencia fue una sociedad compleja, los estudiosos del tema encuentran influencia en la Cultura Jomón, en Japón.  Considerada sociedad pesquera sin agricultura (Evans, Meggers y Estrada 1965).  Por posteriores excavaciones en el sitio Real Alto (Latrap y Marcos 1975), facilitan la conclusión de una organización  con espacios deliberadamente construidos:

  Alto grado de Urbanismo. (casas de Bahareque)

  Poseen un centro ceremonial alrededor de las casas.

Montículos para fiestas y elementos funerarios.

 En la construcción social unos trabajan en labores de campo y otros en el centro urbano. Para hacer esta afirmación  la evidencia es  haber encontrado  maíz en un tiesto...

La cultura Valdivia presenta un alto grado de urbanismo; las casas son de bahareque, se construye alrededor de un centro ceremonial. Los montículos son de fiesta y funeraria, esto último deducido por poseer restos de huesos. Existe especialización en el trabajo y diferenciación de labores  entre el campo y el centro urbano.  

Venus de Valdivia

La figura de barro creada a partir de la alianza hombre-arcilla produjo figuras que testimonian un pueblo amante del adorno.  En Valdivia florece la urbe como sitio donde converge ceremonias y fiestas y sus artistas o quizás todos, creaban del barro las figuras que recreaban su realidad, su sexualidad, sus labores, sus mitos, sus dioses. Los vestigios de un pueblo que vivió junto a una naturaleza que necesitaba dominarla, son muchas las obras: ollas, cuencos y vasijas.

La ubicación se encuentra en los cauces del río Daule y en las provincias de Manabí, Guayas y el Oro.

 Fueron pescadores y cultivan la tierra.  Los Valdivianos no estuvieron excepto de practicar ritos para los muertos, ceremonias para los muertos, practicaban la medicina natural y sobre todo esta cultura tenían un gran respeto por la mujer; sobre todo por las cerámicas de la Venus de Valdivia.   

Machalilla 1800-1500 aC

Al norte de la provincia del Guayas se desarrolla una sociedad con una estructura similar  a Valdivia, denominada Cultura Machalilla. La evidencia hace suponer que esta cultura es una evolución de la Valdivia por su superior organización y producción cultural.

Es mérito de la cultura Valdivia haber creado botellas con pico cilíndrico o en forma de estribo. 

Analizando su cerámica,  encontramos  la pasta más fina, la superficie pulida y alisada, las paredes más delgadas; aparece la pintura en bandos sobre todo negro sobre blanco, fue estudiada por Porras en 1980

Chorrera 1500 - 500 aC

La presencia de esta cultura es evidente en todo el Litoral desde el Sur de Esmeraldas hasta el Norte de la provincia del Oro.

Es poco estudiada y pudo constituirse por la asimilación mutua de varios grupos sociales que explotaban su mismo territorio.

Las  clases sociales estaban  diferenciadas. Comerciantes-navegantes, agriculturas, pescadores, sacerdotes y los ceramistas.

La Cerámica ha evolucionado a trabajos casi especializados, La pintura es iridiscente, decoración negativa y aparece la botella-silbato. Mayor precisión en las representaciones  zoomorfas y fitomorfas.

Su cerámica es similar a Cerro Narrío, vislumbrando un fuerte intercambio.

Cerro Narrío ( fase Chaullabamba)

La característica de Cerro Narrío y Chorrera son semejantes. Cerro Narrío mantuvo contacto con las Culturas de la Costa a través del  río Jubones y Naranjal y por el Oriente  a través del río Paute.

En la fase Narrío Tardío, trabajaron el oro, este perfeccionamiento en la metalurgia trajo muchos buscadores por lo que la información es escasa dificultado a los arqueólogos conclusiones como llegaron a manufacturar los metales.

Cotocollao  200 –500 aC

La Cultura Cotocollao  encontramos la cerámica más antigua de la provincia de Pichincha.

La falta de evidencia más contundente ha creado entre Porras (1982) y Villalba (1988) divergencias sobre la forma de subsistencia; el primero dice que tuvieron una agricultura incipiente, mientras el segundo afirma que Cotocollao es una sociedad fuertemente dependiente de la agricultura del maíz

La cerámica de Cotocollao tiene predominancia el rojo que la vincula con Machalilla, Chorrera y Valdivia.

QHAPAQ ÑAN: LA RUTA INKA DE SABIDURÍA Por: Javier Lajo




POR EL QHAPAQ ÑAN... SIGUIENDO LA HUELLA
El Qhapaq Ñan o Camino de los Qhapaq, es un camino que une ciudades que están ubicadas longitudinalmente a lo largo de la cordillera de los Andes; este camino pre-inca, que tiene una dimensión aún no precisada en todo el continente sudamericano, tiene además del “camino de pie” que es lo mayormente conocido, otras características y valores que es necesario analizar.
María Sholten, matemática holandesa radicada en el Perú, descubrió hace algunos años que existe una línea recta o alineamiento (valga la redundancia), de ciudades Incas y pre-Incas, ubicadas geográficamente a lo largo de una diagonal a 45° del eje Norte-Sur (Dibujo).  Las preguntas que surgen sobre dicho alineamiento son disímiles, pero todas válidas:  ¿Quiénes construyeron estas ciudades en una “línea” de centenares de kilómetros?  ¿Cómo lo hicieron?, y sobre todo  ¿Para qué servía?,  ¿Qué uso tenía?
Indagando sobre el término “Qhapaq”, o “Qhapaqkuna”, que serían los constructores y a la vez “caminantes” de esta ruta real, de este “camino recto” de ciudades del mundo andino, podemos ir indagando por algunas respuestas a las preguntas formuladas.  “K’APAH” o “KKHÁPAKK” en el diccionario Quechua-Castellano del Padre Lira, tiene un significado que no deja duda sobre la construcción de esta singular “ruta”, cual es CABAL, EXACTO, JUSTO, y que subraya luego con otro término del runa simi: “K’APAH KAY”, que significa “condición o calidad de lo que es exacto”; con lo que obvia argumentar más sobre el carácter del alineamiento a 45° del eje norte sur.  Basados en esto, apuntamos nuestra hipótesis:  Qhapaq Ñan significaría Ruta o Camino de los Justos, de los Cabales, o de los Nobles y Santos, puesto que en el idioma Puquina (ancestro del quechua y Aymará ), “Khapaj” significa:  santo, noble.
Complementando nuestra hipótesis, diremos que allí a lo largo de la cordillera de los andes, tenemos una especie de TAO andino (valga la innoble comparación).  Como se sabe, el Tao asiático, como disciplina paradigmática de la filosofía oriental, significa “camino” en el entender vulgar o “sentido” en el habla culta de los filósofos chinos.  Podemos resumir en que Tao es el sentido o camino del encuentro del hombre consigo mismo, con su verdad.  Con mucha razón la descubridora del Qhapaq Ñan se pregunta. ¿Imataq Cheq’ari?, (¿Qué es la verdad? en español). O lo que es lo mismo: ¿En nuestra cultura andina, porqué la diagonal es el camino de la verdad?. Y aquí la pregunta fundamental de este texto:  ¿Es el Qhapaq Ñan la gran ruta que nos indica el conocimiento de la sabiduría indígena de América?;  ¿Es la Qhapaq Kuna la escuela de sabiduría de los Andes?.
No podemos pensar que estas ciudades se construyeron sobre una línea recta y a 45° del eje N-S, por azar;  y si postulamos que esta “ruta” fue construida –para los creyentes- por algún “Dios”, o por “extraterrestres” -para otro tipo de creyentes-, aun así habría que indagar qué nos quisieron “decir o indicar esos señores” con tan magistral alineamiento. Pero como debemos apostar por “lo nuestro” y creer en la grandeza de nuestros antepasados andinos, para develar nuestra hipótesis, aceptemos que fue hecho por una sabiduría y disciplina científica y tecnológica superior, aún no descubierta y estudiada, que en estas condiciones, las “de ser un camino”, esta disciplina debería estar inmersa en si misma, es decir: Es en el seguimiento “o andar del camino”, en donde “sus pasos explicarán sus misterios”, “siguiendo esa ruta” podemos aprender esa sabiduría y reconocerla.
DIBUJO 1

Teniendo claro este punto de partida, entonces podemos decir que “transitando el ancho camino del Qhapaq Ñan”, podemos descubrir paulatinamente sus pautas de sabiduría y eventualmente dar continuidad a una “Escuela Andina” de sabiduría sistematizada en milenios de autonomía. Escuela de sabiduría que daría respuesta a la pregunta de la Dra. Sholten  ¿Imataq Chekaq’ri?,  ¿Qué es la verdad?
Desarrollando la respuesta a la pregunta de la Dra. Sholten, podemos empezar con el concepto ya reconocido por muchos autores e investigadores de nuestra cultura andina, que señalan que para el hombre andino todo objeto real o conceptual tiene SU PAR, siendo así que el paradigma principal del hombre andino es que “todo” o TODOS HEMOS SIDO PARIDOS, es decir, el origen cosmogónico primigenio NO ES LA UNIDAD como en occidente, sino es la PARIDAD. La idea del origen de la existencia en el mundo andino, es así conceptualizada como “LA PARIDAD”.

En el dibujo 2 podemos ver dos imágenes de la iconografía Casma, como ejemplo de la infinidad de representaciones del PENSAMIENTO PARITARIO en el mundo andino.
DIBUJO 2


 LA DUALIDAD COMPLEMENTARIA: EL YANANTIN, PRIMERA LEY DEL PENSAMIENTO ANDINO

La leyenda de Manco Capac y Mama Ocllo saliendo juntos del Titicaca, como Paq’arina (lugar donde nace la vida) o fuente primordial de nuestra cultura ancestral, es la mayor demostración de este concepto de la cosmogonía dicotómica o paritaria o “PENSAMIENTO PARITARIO”. Y para simplificar y no complicarnos mucho por la enorme extensión que nos demandaría el análisis de la infinidad de “plazoletas hundidas” o “recintos circulares y cuadrados” construidos en Tiahuanaco, Chavin de Huantar,  Karal,  etc, es decir, en los grandes templos antiguos de la cultura andina y, más precisamente, para no entrar de lleno a los templos construidos sobre el Qhapaq Ñan.  Sintetizaremos esta complicada trama comenzando a desenredar nuestra hipótesis, directamente por el lugar más conocido que es donde aparece “el par primordial de la sociedad andina”: Manco Capac y Mama Ocllo.
Busquemos pues, en el origen de Manco Cápac y Mama Ocllo: La gran pakarina o lago sagrado del Titicaca,  donde estos líderes de los pueblos que surcaban el lago debieron de haber dejado rastros de su conocimiento sistematizado.  Según Huaman Poma, fueron integrantes de la estirpe de los “Amaro Runa”, y es muy seguro que allí, en algunas islas o dentro del mismo lago, construyeron algunos “artefactos” o herramientas culturales que quedaron como una guía para nuestra educación.  Analicemos las más evidentes encontradas y aún en uso ritual, suponemos muy deteriorado, de la isla de Amantaní, en donde hoy mismo existe el culto andino y los templos o plazoletas hundidas, u “horizontes artificiales” que antiguamente debieron ser usados como observatorios estelares: La plazoleta circular o “Pachamama” y la cuadrada o “Pachatata”

ENRIQUE MALES "CANTAUTOR QUICHUA"ECUATORIANO






UNA PEQUEÑA MUESTRA DE NUSTRA MUSICA QUICHUA...

De niño, soportaba puntapiés, insultos y burlas. “En ese entonces no teníamos derecho a protestar, o venían  castigos y humillaciones, solo por  ser indios”. Dice, con su voz particularmente grave, temblorosa.
Corrían los años 40. Desde Quinchuquí, varias familias quichua-imbayas se asentaron en Ibarra. Entre ellas, la de Enrique Males Morales, uno de los cinco hijos de Rafael y Carmen, de poncho azul, alpargatas blancas y sombrero sobre la trenza.
Entró a una escuela cristiana. Le enseñaron a rezar en español, hasta que a los 9  dejó las aulas para  trabajar con su padre, que cantaba y despostaba animales en el camal para venderlos en el mercado de Ibarra. Pero la ciudad hizo que olvidara su lengua, aunque la música sobrevivió a su manera:  cantaba pasillos y boleros y un buen día  de 1969  fue invitado, por la Embajada de Ecuador en Chile, a Santiago. Ese año, nació su primer hijo.
En 1972 volvió a Chile y “algún cantor” le dijo que hay que cantar a esa Latinoamérica que “necesita nutrirse de temas que reflejen la problemática social, política y cultural”. Unos dicen que fue Víctor Jara.
Males  fue  invitado  por organizaciones sociales y políticas de izquierda, en  América Latina, sobre todo en Nicaragua. Conoció al grupo Ñanda Mañachi, conformado por quichuahablantes,  y decidió por fin recuperar su lengua y  los elementos de identidad imbaya que había olvidado en su niñez. Tenía 30 años.
La mujer que trabaja su ganado, su yunta, el canto de los huiracchuros, de los quindes y de los quilicos se convirtieron en temas de sus líricas. “La poesía es una mujer del mundo, trabajadora, es los cuatro elementos”. En los 80 conoció instrumentos autóctonos, como tuntules, litófonos, ocarinas y pífanos.
Hace 16 años comparte su vida con la bailarina Patricia Gutiérrez, con quien tuvo a Ari Yarina (que significa Sí a los buenos recuerdos). Para Patricia, él es un canto a la paz, a la humildad y a la alegría.
A pesar de sus 24 discos y una carrera de éxitos reconocidos, en su mayoría, en el extranjero, Enrique es determinante: “No canto para hallar un reconocimiento, la música para mí es todo. Voy a dar todo  y me moriré con ella. Creo que mi voz aún está vigente y pienso que voy a seguir cantando a la vida, al trabajador, al obrero, al campesino y a la mujer del mundo...”.

miércoles, 13 de junio de 2012

CARLOS REVELO

"QUIERO MOSTRAR EL ROSTRO DE LA SENCILLA Y ANÓNIMA"

Él es un caminante de las calles capitalinas, el visitante de esos rincones que no dan indicio de regeneración, el que encuentra la identidad y el universo mismo en el rostro del habitante anónimo de la ciudad. Si hace 20 años Revelo expresaba esa ciudad a través de un arte neofigurativo y neoexpresionista (en el 93 ganó el Mariano Aguilera, con ‘Interior’), sus búsquedas y necesidades fueron mutando hacia el realismo y el hiperrealismo. 

En ese proceso se entrecruzan bajones anímicos, viajes a Miami y Los Ángeles, estadías en España, contactos con la pintura de Antonio López y de Claudio Bravo... y el regreso a Quito. El regreso para descubrir la topografía, la calle y el bache, para mirarse hacia dentro. Ese camino hacia el realismo y lo figurativo le ha granjeado más de una crítica de sus colegas; pero él se mantiene en ello repensando su oficio y las temáticas que trabaja. Ahora dice no atarse a nada, ni a estilos ni a técnicas ni a tendencias... dejar que el arte fluya. Eso sí, se mantiene dentro de la pintura. 

Carlos ve al espacio bidimensional de la pintura como contemporáneo; para él, el video, el performance, la instalación no son imprescindibles en este momento. Incluso adivina facilismo en algunas de esas búsquedas. En ‘Rostros’ se siente al pincel haciendo piel y arrugas, sombras y vellosidades, pero la mayor expresividad no radica en el gesto sino en la mirada: son ojos que interpelan y que reflejan al observador. La mayoría no lleva nombre son solo rostros, como las caras que pasan y se desvanecen en las paradas del autobús, en las plazas y los bulevares. Se halla en ello, además, una relación con la marginalidad. Hay otros que sí llevan nombre, son los rostros de sus amigos, de su familia. Por eso esta muestra es también íntima.
Él es un caminante de las calles capitalinas, el visitante de esos rincones que no dan indicio de regeneración, el que encuentra la identidad y el universo mismo en el rostro del habitante anónimo de la ciudad. Si hace 20 años Revelo expresaba esa ciudad a través de un arte neofigurativo y neoexpresionista (en el 93 ganó el Mariano Aguilera, con ‘Interior’), sus búsquedas y necesidades fueron mutando hacia el realismo y el hiperrealismo. En ese proceso se entrecruzan bajones anímicos, viajes a Miami y Los Ángeles, estadías en España, contactos con la pintura de Antonio López y de Claudio Bravo... y el regreso a Quito. El regreso para descubrir la topografía, la calle y el bache, para mirarse hacia dentro. Ese camino hacia el realismo y lo figurativo le ha granjeado más de una crítica de sus colegas; pero él se mantiene en ello repensando su oficio y las temáticas que trabaja. Ahora dice no atarse a nada, ni a estilos ni a técnicas ni a tendencias... dejar que el arte fluya. Eso sí, se mantiene dentro de la pintura. Carlos ve al espacio bidimensional de la pintura como contemporáneo; para él, el video, el performance, la instalación no son imprescindibles en este momento. Incluso adivina facilismo en algunas de esas búsquedas. En ‘Rostros’ se siente al pincel haciendo piel y arrugas, sombras y vellosidades, pero la mayor expresividad no radica en el gesto sino en la mirada: son ojos que interpelan y que reflejan al observador. La mayoría no lleva nombre son solo rostros, como las caras que pasan y se desvanecen en las paradas del autobús, en las plazas y los bulevares. Se halla en ello, además, una relación con la marginalidad. Hay otros que sí llevan nombre, son los rostros de sus amigos, de su familia. Por eso esta muestra es también íntima.

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://elcomercio.com/cultura/Carlos-Revelo-realismo-rostros-ciudad_0_611938884.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com

Él es un caminante de las calles capitalinas, el visitante de esos rincones que no dan indicio de regeneración, el que encuentra la identidad y el universo mismo en el rostro del habitante anónimo de la ciudad. Si hace 20 años Revelo expresaba esa ciudad a través de un arte neofigurativo y neoexpresionista (en el 93 ganó el Mariano Aguilera, con ‘Interior’), sus búsquedas y necesidades fueron mutando hacia el realismo y el hiperrealismo. En ese proceso se entrecruzan bajones anímicos, viajes a Miami y Los Ángeles, estadías en España, contactos con la pintura de Antonio López y de Claudio Bravo... y el regreso a Quito. El regreso para descubrir la topografía, la calle y el bache, para mirarse hacia dentro. Ese camino hacia el realismo y lo figurativo le ha granjeado más de una crítica de sus colegas; pero él se mantiene en ello repensando su oficio y las temáticas que trabaja. Ahora dice no atarse a nada, ni a estilos ni a técnicas ni a tendencias... dejar que el arte fluya. Eso sí, se mantiene dentro de la pintura. Carlos ve al espacio bidimensional de la pintura como contemporáneo; para él, el video, el performance, la instalación no son imprescindibles en este momento. Incluso adivina facilismo en algunas de esas búsquedas. En ‘Rostros’ se siente al pincel haciendo piel y arrugas, sombras y vellosidades, pero la mayor expresividad no radica en el gesto sino en la mirada: son ojos que interpelan y que reflejan al observador. La mayoría no lleva nombre son solo rostros, como las caras que pasan y se desvanecen en las paradas del autobús, en las plazas y los bulevares. Se halla en ello, además, una relación con la marginalidad. Hay otros que sí llevan nombre, son los rostros de sus amigos, de su familia. Por eso esta muestra es también íntima.

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Él es un caminante de las calles capitalinas, el visitante de esos rincones que no dan indicio de regeneración, el que encuentra la identidad y el universo mismo en el rostro del habitante anónimo de la ciudad. Si hace 20 años Revelo expresaba esa ciudad a través de un arte neofigurativo y neoexpresionista (en el 93 ganó el Mariano Aguilera, con ‘Interior’), sus búsquedas y necesidades fueron mutando hacia el realismo y el hiperrealismo. En ese proceso se entrecruzan bajones anímicos, viajes a Miami y Los Ángeles, estadías en España, contactos con la pintura de Antonio López y de Claudio Bravo... y el regreso a Quito. El regreso para descubrir la topografía, la calle y el bache, para mirarse hacia dentro. Ese camino hacia el realismo y lo figurativo le ha granjeado más de una crítica de sus colegas; pero él se mantiene en ello repensando su oficio y las temáticas que trabaja. Ahora dice no atarse a nada, ni a estilos ni a técnicas ni a tendencias... dejar que el arte fluya. Eso sí, se mantiene dentro de la pintura. Carlos ve al espacio bidimensional de la pintura como contemporáneo; para él, el video, el performance, la instalación no son imprescindibles en este momento. Incluso adivina facilismo en algunas de esas búsquedas. En ‘Rostros’ se siente al pincel haciendo piel y arrugas, sombras y vellosidades, pero la mayor expresividad no radica en el gesto sino en la mirada: son ojos que interpelan y que reflejan al observador. La mayoría no lleva nombre son solo rostros, como las caras que pasan y se desvanecen en las paradas del autobús, en las plazas y los bulevares. Se halla en ello, además, una relación con la marginalidad. Hay otros que sí llevan nombre, son los rostros de sus amigos, de su familia. Por eso esta muestra es también íntima.

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